Siempre ansió conocer la luna, siempre pensó que estaba a su alcance. Subestimó los centímetros, los kilómetros y se rió de los años luz. Se sentía amo y señor del tiempo y del espacio. Un día decidió mandar en cohete a un galgo herbívoro. Obviamente el can murió, pues la comida para astronautas no es alimento para esa clase de animales insulsos. Otro día mandó al payaso Rikcy, pero la risa consume más oxigeno del que una nave puede llevar, el gracioso pintado murió asfixiado. Cansado de fracasar decidió mandar a su orgullo, el nunca le había fallado, si embargo el nunca despegó estaba convencido de que la luna vendría a él. Abatido por tantos esfuerzos , él que nunca se había sentido vulnerable, decidió desprenderse de lo último que tenía: la impotencia y la desesperación pero ellas consiguieron algo? Si, una respuesta, un enorme cartel que decía : la luna ya no existe, y una firma abajo "la luna". Desde ese día se prometió no alzar nunca más la mirada, él era un hombre de palabra, por la noche se arrancó los ojos.